
En el Congreso del Estado se normaliza la presencia policiaca para controlar el acceso de los ciudadanos
Puertas Cerradas…
…Y DEMOCRACIA sitiada es lo que ocurre en el Congreso del Estado, donde los diputados han caído en la tentación de convertirse en lo que tanto critican: autoritarios.
LO QUE debería ser la casa del pueblo se está transformando, poco a poco, en un edificio cercado por la desconfianza.
EN EL CONGRESO del Estado se normaliza la presencia policiaca para controlar el acceso de los ciudadanos y se dificulta el ingreso de quienes buscan dialogar con sus representantes. El mensaje político es demoledor: el poder ya no quiere escuchar, quiere administrar la distancia. Y cuando la distancia se vuelve norma, la democracia deja de respirarse como un derecho y comienza a sentirse como un privilegio vigilado.
SE PODRÁ argumentar que toda institución requiere protocolos de seguridad. Nadie discute la necesidad de cuidar un recinto público. Lo criticable es otra cosa: que bajo el discurso de la prevención se construya una muralla burocrática y policiaca contra la ciudadanía.
UN CONGRESO no está para blindarse del pueblo, sino para recibirlo, escucharlo y rendirle cuentas. Si la respuesta frente a la inconformidad social es poner filtros, uniformes y barreras, entonces no estamos ante una política de seguridad, sino ante una política de contención.
LA CONTRADICCIÓN es demasiado evidente para ignorarla. Mientras desde espacios institucionales se habla de participación ciudadana, transparencia y parlamento abierto, en la práctica se levantan controles que desalientan la presencia de los ciudadanos en el recinto legislativo.
LA ACTITUD de Rodrigo Cervantes Medina, presidente de la mesa directiva e impulsor de esta medida, en donde hasta los reporteros deben registrarse para llevar un control de quién entra y quién sale, merece un señalamiento por ser tan “evasivo” ante las preguntas del por qué se genera esta represión contra ciudadanos que buscan expresarse en un lugar que es público y, en teoría, del pueblo.
LLEGAR A ser legislador por ser hijo de, pariente político de equis o amigo cercano de, ya no los vuelve diputados preparados para desempeñarse como tal y, en su propia inconciencia, se alejan de los votantes.
LOS DIPUTADOS deberían preguntarse qué clase de legitimidad pretenden construir si para funcionar necesitan parecerse más a una fortaleza que a una tribuna pública. La política que teme a los ciudadanos termina temiendo también a la crítica, a la prensa y a la verdad.
Y LOS PANISTAS gritan a los cuatro vientos que México, con gobierno federal, va que vuela hacia una “dictadura”, pues pobres, porque no se han visto en el espejo. (BDR).