
Todos en el futbol…
Sin Público
EL ARRANQUE de la Copa del Mundo 2026 ha traído consigo la ya tradicional coreografía del despilfarro gubernamental vestido de “fiesta popular”. Con bombo y platillo se anunció la instalación de pantallas gigantes en la Plaza de Armas y en la Isla San Marcos, bautizada bajo el pomposo manto de la mercadotecnia oficial como la Gigante Fan Zone, con la promesa de hermanar a la ciudadanía en torno a la pasión del balón. Sin embargo, la realidad de las tardes cotidianas ha desinflado el entusiasmo burocrático: frente a la imponente estructura tecnológica, lo único que abunda es el vacío, al menos en el primer punto.
HAY DÍAS en que la plaza luce desértica, mientras en el monitor se disputan partidos de nulo interés para el grueso de la población local, el costoso equipo sigue ahí devorando energía y recursos públicos, teniendo como único espectador al viento o a algún peatón despistado que acelera el paso para resguardarse del sol.
NADIE CUESTIONA que el futbol sea un fenómeno social capaz de convocar multitudes, ni se pretende pecar de puritanismo presupuestal exigiendo una austeridad franciscana que prohíba el esparcimiento. El error no radica en la pantalla misma, sino en la falta de planeación.
MANTENER UN despliegue de esa magnitud durante los 39 días del mundial es una afrenta a la lógica financiera de una ciudad con necesidades prioritarias.
EL RESPETO al dinero del contribuyente dicta una estrategia radicalmente distinta: la pantalla debió instalarse de forma estratégica. Su pertinencia estaría justificada únicamente cuando jugara la Selección Mexicana o para la gran final del torneo, momentos específicos donde el espacio público se desborda orgánicamente y la inversión social se justifica en el júbilo colectivo. (BDR).